El compromiso social de la literatura y su relación con el mundo médico

La Caída de Alejandro Curtos

Cuando una desgracia es también una liberación...La caída de Alejandro Curtos, el debut literario de la doctora y escritora Yolanda López López.

Disponible en Amazon como libro digital (Oprima la imagen para llevarlo al ebook en Amazon). En Puerto Rico: Libros AC, Librería Mágica, KL Books y Farmacia San Pablo. También disponible para la venta con PayPal a través de Omnismedia aquí.

Yolanda López López

La reumatóloga Yolanda López López se lanza a la aventura literaria con la publicación de su novela La caída de Alejandro Curtos, la historia de un obstetra que tras ser demandado legalmente por impericia, se enfrenta al relato de huidas y guerras que le ha dejado de su abuela al fallecer en un diario. La médico y escritora nació en Gurabo, Puerto Rico y ha publicado varios artículos profesionales en revistas y periódicos locales. En 2011 completó una Maestría en Creación Literaria, con concentración en narrativa, en la Universidad del Sagrado Corazón de la que salió la primera versión de esta novela.
Sep 11 2016

Motivados por la indignación que nos producen las guerras, la pérdida de libertad de expresión, el crimen, las drogas, el deterioro rampante de la calidad de vida y de la naturaleza que nos rodea, nos hemos levantado a reaccionar. Algunos reaccionan con vigilias, con marchas, con armas. Otros, lo hacen con arte, con música, con literatura. Ese ánimo de responder en busca de una resolución favorable, que modifique lo que va en deterioro, nace del compromiso, de esa “palabra dada” con nosotros mismos. De esa necesidad que nos lleva a propagar un mensaje, a divulgar un hecho con la intención de provocar una respuesta en aquellos espectadores que nos están atendiendo.

La literatura ha sido vehículo de divulgación y de reacción por muchos años. Ana María Matute dijo, en una entrevista que le hiciera El País en el 2001, que la literatura es un acto de protesta y que el objeto de su obra era “El de siempre, el ser humano, y más concretamente el sufrimiento, sus lágrimas.” (Ruiz, párr. 1) ¿Y acaso no es ese el objeto de todas las obras, de una u otra manera? Desde el momento en que el escritor piensa y luego empuña el artefacto con el que va a escribir, sea este lápiz, bolígrafo, pluma, o arremete al tecleo de la maquinilla u ordenador ha decidido crear a un ser. Va dirigido a levantar historias con entes que lleven un mensaje, que provoquen un pensamiento, aun cuando sea en mundos alternos, creados con la fantasía de los espacios universales y del armamento de fibras cibernéticas. En muchas ocasiones es un acto involuntario, porque todos tenemos algo que decir y es esa urgencia de comunicar nuestro pensamiento lo que nos lleva a una creación específica. No creo que exista un escritor que escriba sin pensar. Quiere decir algo y quiere que lo entiendan aunque sea entre risas, llantos o espasmos de terror. Y sin querer entrar en el rol de compromiso, en el preciso momento en que se teclea, o se escribe, a lápiz a pluma o con ordenador, esa primera palabra lleva la intención de un mensaje.

Como vivimos en un mundo de clasificaciones, y queremos que todo tenga su lugar, existen aquellos que desde afuera analizan las letras y las ordenan: novela, nouvelle, cuento, minicuento, poesía, ficción, no ficción, historia… Con ese ánimo de catalogar aparece en el Siglo XX el concepto de literatura de compromiso social. Sería interesante tratar de identificar qué obra no llena un compromiso social. Entonces, ¿por qué debemos puntualizar el hecho? Para hacerlo creíble y evidente, solamente. Para que el lector se deje abrazar por la voz del narrador y entre a evaluar cada línea y cada pensamiento hasta convencerse de que debe hacer un pacto a favor del mensaje.

Nos toma madurar para identificar esa voz comprometida. Es un despertar que se hace desde el punto de vista de un lector avezado, ese que ya no lee para matar el tiempo sino para conocer otros seres, mundos y situaciones. Ese que quiere conocer de tú a tú a los personajes y que se ha identificado con las problemáticas sociales en que se mueve como persona y es capaz de reconocer el mensaje o el planteamiento del escritor. Ese que se cuestiona dónde vive este escritor y se apresta a comprender la barbarie de la trata humana y el mundo de las drogas en el texto de Prayers for the stolen, de Jennifer Clement, o la vida en la prostitución en Jineteras, de Amir Valle. Es entonces cuando es capaz de identificar que todas esas voces anteriores también quisieron señalar un aspecto para que fuera evidente ante los demás.

Hemos aceptado la literatura como medio de divulgación y protesta en diversos aspectos políticos. Hemos aceptado la literatura como vehículo para transmitir la historia. Hemos aceptado la literatura como evidencia del narcotráfico. Hemos aceptado la literatura como portavoz sobre el maltrato de la mujer. Todas estas situaciones están vinculadas al desarrollo social de un pueblo. Pero acaso, ¿no es la salud también parte de los componentes que influencian el desarrollo de un pueblo? Una sociedad llena de enfermedades físicas y mentales evoluciona hacia el descuido del medio ambiente, de la propia persona, del respeto por los demás. ¿En qué punto se encuentran la literatura y la medicina? ¿Se debe vincular la temática médica a la literatura como parte de un compromiso social? ¿Qué rol tiene la literatura en la salud de un pueblo? Hasta hace unos años yo hubiera contestado que, aparte de entretener al médico en sus ratos de ocio, la literatura no llena otro rol.

Como muchos de ustedes, yo he sido lectora de múltiples libros: profesionales en el ámbito médico, biografías, historia, textos de auto ayuda, literatura… De cada texto obtuve un conocimiento distinto. En la literatura vi situaciones diversas, de amor, de locura, de odio, de dolor, de olvido, rasgos de seres que ya conocía, escenarios diferentes y sicologías múltiples. Sin embargo, fue cuando leí La muerte de Iván Ilich, del conde ruso Lev Nikoláievich Tolstói, conocido por nosotros como León Tólstói, que me percaté de la capacidad de la literatura para transmitir hechos médicos. Muchos de ustedes deben conocer esta historia. Iván Ilich es un joven abogado que va ascendiendo en su carrera profesional y decide ocuparse él mismo de la remodelación de su nuevo piso. Mientras sube por una escalera le resbala un pie y en el proceso de evitar la caída experimenta un golpe en el costado con un tirador de la ventana. A partir de entonces comienza a deteriorar su salud. A manera de comentario quiero decirles que en el siglo XIX y casi hasta 1920, los golpes eran considerados como causantes del cáncer. (ACS, párr. 6)

El escritor describe paso a paso el desgaste físico y la búsqueda espiritual de su personaje. Sin embargo, para aquellos que pertenecemos al mundo de la medicina y que hemos estado expuestos al proceso de deterioro y muerte de un paciente de cáncer esta obra tiene una fascinación especial. Tólstói pudo plasmar en su texto múltiples situaciones vinculadas al mundo de la salud. Entre ellas, la reacción de las personas cuando se enfrentan a una enfermedad terminal. Por un lado, vemos la apreciación de los que son amigos, o familiares, que sienten que nunca les va a tocar esa dolencia. Por otro, tenemos al médico en su rol de examinador no empático utilizando un lenguaje confuso que pone ansioso al paciente y lo transforma en un ser que le pregunta a todos por sus males, para encontrarse en los de los demás. Somos testigos del desespero del paciente que va de médico a médico, a curandero, al que sea, buscando alivio y contestación a su padecimiento. Sobre todo, vemos al hombre enfermo atravesar sus etapas internas camino a la muerte.

Lo más maravilloso de este texto es reconocer cómo Tólstói logra presentar lo que décadas más tarde la doctora Elisabeth Kübler-Ross, tras varios años de investigación, presenta en su estudio sobre la muerte y el proceso de morir en su libro titulado, On Death and Dying. Elisabeth nos define las etapas: negación y aislamiento, coraje, negociación y depresión. No es la intención de esta disertación entrar a fondo en el análisis de esta correlación. Solamente quiero dejar ver que en ella es evidente un vínculo inconsciente con el mundo médico. Sin que fuera la intención del escritor, por la mera observación, fue capaz de brindarnos una evidencia clínica.

Entonces, ¿es de utilidad la literatura en el mundo médico? Acaso se lo deben haber preguntado muchos de ustedes. Y la contestación ante el escrito citado es, de educación. La literatura puede servir como un vehículo para educar sobre personal médico, condiciones, situaciones, conductas y respuestas dentro de la amalgama que abarca una entidad clínica. Actualmente, existe todo un engranaje en el mundo de la medicina para educar y sensibilizar al personal de la salud utilizando las humanidades. El primer programa de literatura dentro de un currículo de medicina comenzó en 1972 en Pennsylvania State University College, desde entonces varias universidades han incorporado lo mismo a sus facultades de medicina. (Baños, párr. 5)

Sin entrar en detalles específicos puedo afirmar que mi novela, La Caída de Alejandro Curtos, no solamente presenta la historia de una demanda por impericia sino que educa sobre la fenilcetonuria sin ser un tratado de la enfermedad.

No hay que escribir un texto completo, pero el escritor tiene el compromiso con el lector de presentar sus pacientes con las enfermedades pertinentes bien definidas. Debe abordar este hecho con la misma seriedad que aborda un dato histórico. Debe presentar a sus personajes con sus faltas y con sus logros evitando el maniqueísmo rampante del vulgo que caricaturiza las figuras médicas, sin limitarse a los galenos, y ha creado diversos estereotipos tanto en el cine como en la televisión.

¿Puede la literatura ejercer un rol terapéutico? Armados como estamos en una era de anillos químicos, agentes biológicos, radiación, ondas sonoras de alta frecuencia, células madres y creación de nuevos tejidos, esta pregunta puede provocar la risa. Sin embargo, si revisamos la historia desde Soranus, un médico romano de la primera centuria, que recetaba tragedia para sus pacientes maníacos y comedia para sus pacientes deprimidos, (NAPT, párr. 2) hasta el presente, cambiaremos de opinión. En el 1916 se acuñó el término de biblioterapia en referencia al trabajo colaborativo entre médico y bibliotecario al escoger un libro para un paciente con alguna condición siquiátrica particular.(NAPT, párr. 3) La intención era que el paciente pudiera aprender de, o identificarse con, el personaje. Más tarde, en 1928, Eli Greifer, poeta, farmacéutico y abogado, comenzó un movimiento de la terapia con poesía. (NAPT, párr. 7) Este concepto ha sido utilizado al pasar de muchas décadas con pacientes de adicción y violación, así como con militares, entre otros. Junto a esta vertiente miremos hacia la literatura confesional, nacida en los años cincuenta de mano de los poetas. (poets.org, párr. 1) Esta es una literatura de desahogo abrazada al arte de la escritura. No es solamente desahogo.

La narrativa también tiene un rol en el mundo médico. El doctor Lewis Mehl-Madrona, siquiatra, establece que: “The healing process involves realizing that many of the truths we hold about ourselves are merely stories, learned through our experiences in a social network, and changeable.”(375). En su texto Healing the mind through the power of story, The promise of narrative psychiatry, presenta varias situaciones clínicas y la aplicación de las historias a ese proceso de sanación en múltiples ocasiones fuera de farmacoterapia. Por otro lado, la doctora Rita Chardon ha utilizado la narrativa como un vehículo para mejorar la comprensión y empatía del personal médico y mejorar la calidad del cuidado médico.

Me consta que es más fácil acercar al escritor al mundo médico que acercar a mis colegas al mundo literario. Para cumplir nuestro compromiso social con la salud, que es asunto de todos, se requiere de todas las voces. Voces que entre verso y verso, entre línea y línea, reconozcan que son capaces de producir un cambio de educación, de interpretación y de respuesta.

Bibliografía:

1-Baños, Joseph-E.. "El valor de la literatura en la formación de los estudiantes de medicina." Educación Médicajunio 2013: 1. Educación Médica. 20 de mayo 2016 http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1575-18132003002200005&lng=es&nrm=iso&tlng=es.

2-Charon, Rita. Narrative Medicine Honoring the stories of illness. New York, New York: Oxford University Press, Inc., 2006.

3-Kübler-Ross, Elizabeth. On Death and Dying. New York, New York: Macmillan Publishing Co., Inc., 1969.

4-López-López, Yolanda. La caída de Alejandro Curtos. Carolina, Puerto Rico: Terranova, 2013.

5-Mehl-Madrona, Lewis. Narrative Medicine The use of history and story in the healing process. Rochester, Vermont: Bear & Company, 2007.

6-Ruiz, Jesús. "Ana María Matute afirma que la literatura es protesta." El Pais28 de agosto 2001: 1. El Pais. 25 de julio 2016 http://elpais.com/diario/2001/08/28/revistaverano/998949606_850215.html.

7-Tólstói, León. “La muerte de Iván Ilich”. Ciudad Seva. 19 de mayo de 2016. http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/rus/tolstoi/la_muerte_de_ivan_ilich.htm

8- poets.org. "A brief guide to confessional poetry."poets.org. February 21, 2014. Academy of American Poets. July 25, 2016 https://www.poets.org/poetsorg/text/brief-guide-confessional-poetry.

9- National Association for Poetry Therapy. "History." poetrytherapy.org. . National Association for Poetry Therapy. 30 julio 2016 http://www.poetrytherapy.org/history.html.

Share

Carrito

0 Productos 0.00 USD
Ir al carrito

En línea...

Hay 18 invitados y ningún miembro en línea

¡Su información personal y transacciones están seguras con nosotros!